miércoles, 10 de julio de 2013

0 El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde (1890)




Ingenioso, mordaz, polémico, culto, extravagante y hábil con la palabra, son algunas de las cualidades que llevaron a Oscar Wilde desde muy joven a convertirse en un miembro importante de las escenas social y cultural del Reino Unido durante la segunda mitad del siglo XIX. Precoz en la poesía y exitoso en la dramaturgia, Oscar Wilde fue sin duda una figura de su época, y su filosofía y excentricismo influiría a artistas y escritores durante muchos años más. Si bien el teatro fue el género en el que más éxito obtuvo en vida, y sus cuentos infantiles y juveniles lo han hecho uno de los autores más leídos durante generaciones, Wilde es también autor de una de las novelas clásicas de la literatura moderna: “El retrato de Dorian Gray”, una sombría historia de decadencia y corrupción, cuyo personaje principal se encuentra ya arraigado en el imaginario occidental.

El protagonista de la historia es un atractivo, apuesto y joven huérfano londinense, cuya belleza y encanto fascinan por igual a hombres y mujeres. Dorian Gray es pues, un adonis recién salido de la adolescencia. Embelesado por la gracia y la apariencia perfecta de este joven, el pintor Basil Hallward decide pintar su retrato. En la casa del pintor, Gray conoce a Lord Henry Wotton, un aristócrata irreverente, cínico y extremadamente ingenioso, quien de inmediato ejerce su influencia sobre él, transmitiéndole su hedonista visión del mundo, según la cual lo más importante en la vida es la belleza y la satisfacción de los sentidos. Tras ver terminado su retrato, e influenciado por las ideas de Henry Wotton, Dorian Gray se horroriza al comprender que su bello aspecto se marchitará eventualmente, y desea conservar para siempre la edad y la apariencia con la que lo han retratado. A partir de ese momento, será el retrato de Dorian Gray el que envejezca, mientras que el Gray real se conservará misteriosamente joven y lozano. Pero muy pronto, Dorian Gray descubrirá que su retrato no sólo va dando cuenta de las huellas del tiempo, sino también va revelando las marcas que su corrupción, su libertinaje y la podredumbre en la que ha caído van dejando en su alma.

En esta novela, Wilde plantea una variante victoriana a la clásica leyenda alemana de Fausto, aquella en la que el protagonista intercambia su alma con el diablo a cambio de placeres mundanos, aunque es interesante notar que en la versión de Wilde se deja de lado la transacción espiritual y no aparece ninguna figura maléfica, al menos no una que no sea enteramente humana, y nunca se hace explícito el mecanismo por el cual el alma del protagonista queda atrapada en la pintura. La historia que nos cuenta Wilde, se enfoca mucho más en la transformación del joven Gray, dócil, influenciable e inexperto, y por lo mismo, sediento de placeres, conocimiento y nuevas experiencias, en un hombre indiferente, arrogante, irascible, nocivo para quienes le rodean, y capaz de cometer crímenes sangrientos sin mayor remordimiento.

Publicada diez años antes de la muerte de Wilde, la novela fue duramente criticada en el momento de su aparición y abonó a impopularidad en la que el autor comenzó a caer hacia el final del siglo y de su vida. No obstante, a casi siglo y medio de distancia, la dramática historia del eternamente joven Dorian Gray se ha convertido merecidamente en un clásico moderno, y frecuentemente se le hace mención en la cultura popular, ya que ha sido llevada en múltiples ocasiones a la televisión, al cine, al teatro, ha dado origen a musicales, proyectos fotográficos, una opera, ha inspirado novelas contemporáneas de terror y de misterio e incluso se ha sugerido el nombre de “Síndrome de Dorian Gray” para un trastorno del comportamiento humano.

En esta intensa obra, Wilde ahonda igualmente en la infatigable búsqueda humana de la eterna juventud, el ideal estético, el desdoblamiento, el mito faustiano, como también en el narcicismo, el hedonismo, la vanidad, la corrupción, el libertinaje, y la moral; resultando un grotesco pero fiel retrato de la naturaleza humana, muy parecido al horrendo retrato que Dorian Gray mantiene bajo llave en un frio y abandonado estudio de su mansión.

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