miércoles, 24 de julio de 2013

0 Concierto Barroco, de Alejo Carpentier (1974)

La Literatura y la Música han tenido desde siempre una estrecha relación de simbiosis y mutua influencia. ¿A quién no le encanta descubrir una canción basada en su libro favorito o una novela inspirada en la música? Muchos autores han experimentado con la fusión de estas dos artes, muchas veces con resultados sorprendentes. Es el caso del escritor cubano Alejo Carpentier, cuya obra se vio influida por otras “artes paralelas” a la literatura, como la arquitectura y la música; quizá especialmente por esta última, como lo demuestra su obra Concierto Barroco, una novela breve, inspirada libremente en un hecho real: la composición y estreno en 1773 de una ópera del compositor italiano de música barroca, Antonio Vivaldi, sobre la conquista de los aztecas por los invasores españoles.

Carpentier nos cuenta la historia del viaje que emprende Montezuma, un indiano bien acomodado de principios del siglo XVIII, amo de una lujosa mansión de Coyoacán, que entre sus amistades cuenta a notarios, jueces, párrocos y otras figuras distinguidas. Montezuma es pues, un ilustre criollo que deja su casa en México para partir hacia Europa. En el camino, una tempestad obliga a su embarcación a hacer una escala en Cuba, donde se ve obligado a encontrar un nuevo mayordomo. Es así como pone los ojos en Filomeno, un negro libre, de noble personalidad y afición por la música. Montezuma y Filomeno parten juntos hacia Europa, y tras una breve estancia en España deciden trasladarse a Italia, para disfrutar del carnaval de Venecia. Durante una de las mascaradas del carnaval veneciano, Montezuma y Filomeno inician una relación de juerga ni más ni a menos que con varias de las figuras más importantes de la música del siglo XVIII, como Georg Friedrich Händel, Domenico Scarlatti, y el mismísimo Antonio Vivaldi, quien tras conocer al criollo Montezuma, decide escribir una opera sobre la caída de los aztecas y la conquista española del nuevo continente.

Es evidente la influencia del lenguaje musical en esta novela. Alejo Carpentier era descendiente de una familia en la que la música ocupaba una enorme importancia: su madre y su abuela materna fueron pianistas, y su padre tocaba el violonchelo. El mismo autor aprendió a tocar el piano a los once años de edad con cierta destreza, aunque él se consideraba a sí mismo un simple interprete. No conforme con su dominio del piano, Carpentier estudió teoría musical, primero en Francia y posteriormente en Cuba, obteniendo un profundo conocimiento sobre la música que posteriormente se reflejaría en sus obras. Sin embargo, en Concierto Barroco, la música no es tan solo uno de los temas principales, sino que se convierte también en herramienta literaria, contribuyendo a establecer la estructura y la atmosfera de la novela.

Si bien Concierto Barroco es en buena medida resultado de la mezcla de historia y música, también es importante resaltar la intensa reflexión que realiza Carpentier sobre la identidad latinoamericana. El tema en el fondo del escenario de Concierto Barroco es el encuentro de dos continentes, así como el mestizaje que resultó del choque entre ambas culturas. Al igual que Montezuma, el indiano que protagoniza la historia de Concierto Barroco, Carpentier era descendiente de europeos pero criado en Latinoamérica y enamorado de su tierra y su cultura.

Fuertemente marcado por su mestizaje cultural, Carpentier decide explorar en esta novela los mitos fundacionales que se desprenden del “descubrimiento” y de la conquista del nuevo continente. Para el autor, la historia latinoamericana se revela desde sus inicios como una crónica de lo maravilloso: sucesos reales que podrían parecer ficticios a los ojos de un extraño, que en este caso serán los ojos de Antonio Vivaldi, autor de la infame opera sobre la conquista del nuevo continente. La reflexión que nos comparte Carpentier es que América fue barroca desde sus inicios, en el sentido de que desde su comienzo, la historia latinoamericana se ha desplegado como un mosaico de hechos maravillosos ininterrumpidos, pero difícilmente comprendidos por quienes son extraños en esta realidad. “¡En América todo es fabula!” le dice Vivaldi a Montezuma, para justificar su extraña interpretación de la historia latinoamericana. Y tenía mucha razón Vivaldi, todo es fabula aquí, lo era en el siglo XVI y lo sigue siendo en el XXI.


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