miércoles, 20 de marzo de 2013

0 El Gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald (1925)



Con la publicación de El Gran Gatsby, en 1925, Francis Scott Fitzgerald realizó una de las mayores aportaciones que un escritor estadounidense le haría al imaginario de su propio país durante el siglo XX. Si bien es cierto que no fue un éxito inmediato, tras la muerte de su autor, El Gran Gatsby se convirtió en obra de culto entre los lectores norteamericanos, y en ese país es usualmente considerada como una novela de transición de las lecturas de la adolescencia hacia las novelas de alto calibre.

Ambientada en New York y Long Island durante 1922, El Gran Gatsby es la historia de un veterano estadounidense de la primera guerra mundial, de origen incierto y con un enorme halo de misterio a su alrededor (incluida una personalidad taciturna y trágica que de inmediato lo aparta de los demás), que regresa al escenario de su juventud, Long Island, después de haberse enriquecido a través de actividades de las que nadie puede dar fe, en busca de un cabo suelto de su pasado que le es imposible olvidar y que ha atormentado su corazón durante los últimos cinco años. Jay Gatsby es un mito, incluso en su propio universo. Nadie sabe bien de dónde ha salido, pero todos intentarán disfrutar sus pródigos festines mientras se pueda. Su riqueza y los rumores que no siempre se molesta en desmentir, lo han colocado justo donde él mismo ha planeado: en el centro de atención de la clase alta de New York, de la farándula y otros parranderos que siempre acuden sin invitación. Pero Gatsby es un romántico y como todo romántico que se precie de serlo, se encuentra irremediablemente encadenado a un ideal al que debe dedicarle su vida: los lujos, las fiestas, los sirvientes, son sólo artilugios de oropel para la consecución de un fin mucho mayor.  

Mucho se ha dicho ya sobre el retrato que Fitzgerald logró del panorama neoyorkino, en un momento en que bohemios y pudientes por igual se dejaban embelesar por el pegajoso e incitante nuevo ritmo del jazz, en una prometedora época en la que la guerra había quedado atrás y la crisis económica aún estaba muy lejos. Curiosamente, F. Scott Fitzgerald escribió la mayor parte de esta novela tan apreciada en Estados Unidos, mientras disfrutaba las delicias de la vida en la Riviera Francesa.

Las incontables fiestas hasta el amanecer, el desfile de excéntricos personajes, la música de orquesta, las luces en el embarcadero de Long Island y especialmente el misterioso encanto de Gatsby han seducido ya a varias generaciones de lectores. ¿Héroe o anti-héroe? ¿Un tonto romántico o un campeón que ha comprendido que la vida sólo tiene valor cuando se le entrega a alguien más? No es nada fácil juzgar a tan inasible personaje. Esa es la advertencia que Fitzgerald nos hace desde las primeras líneas de su novela:  <<Whenever you feel like criticizing any one […] just remember that all the people in this world haven't had the advantages that you've had>>.


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