miércoles, 5 de febrero de 2014

0 Las batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco (1981)

El escritor mexicano José Emilio Pacheco solía expresar su preocupación y su tristeza por el poco aprecio que, a su parecer, las personas muestran por la literatura. Bien conocido por su sobriedad y pesimismo, incluso llegó a declarar, tras depositar una “cápsula del tiempo” en el Instituto Cervantes en 2010, que no creía que su obra fuera recordada dentro de cien años.  Vaya pesimismo para ser autor de la que sin duda es una de las novelas mexicanas más conocidas y apreciadas entre los lectores de ese país: Las batallas en el desierto. Llevada al teatro, al cine, e incluso vuelta canción por una conocida banda de rock alternativo, ésta no es solo una de las novelas mexicanas más representativas de la segunda mitad del siglo pasado, sino que probablemente sea la más leída entre las últimas dos o tres generaciones de lectores de ese país. Si Pedro Paramo es la novela distintiva del México de la primera parte del siglo XX, el México rural y fantasmagórico, Las batallas en el desierto es la novela que retrata el paso a la modernidad, la vida de la ciudad, los cambios culturales, migratorios y políticos, un nuevo lenguaje y nuevas costumbres.

Carlos, protagonista y narrador de su propia historia, se transporta a los años de su intrincada infancia en la Ciudad de México a finales de la década de 1940 para hacer un recuento de los sucesos, lugares y personas que marcaron su niñez, y ciertamente, su vida entera. Esta es la historia pues, de un pequeño como cualquier otro, el hijo menor de una conservadora familia de clase media de la capital mexicana a mediados del siglo XX, época de posguerra, de retos y transformaciones, y para algunos, de oportunidades de progreso. Carlos recuerda las aventuras en la escuela, las riñas, los juegos, los primeros amigos, las calles donde creció, el entretenimiento y las costumbres de la época, la complicada convivencia familiar, los aprietos económicos, y las pretensiones y aspiraciones de una nueva clase que ya quería dejar atrás los años difíciles y treparse al tren de la modernidad y el desarrollo. La vida de Carlos transcurre en la simpleza de las diversiones y obligaciones de un niño de su condición social, hasta que conoce a Mariana, la joven y bella madre de su mejor amigo, de quien se enamora perdidamente. Este enamoramiento, aunque inocente e inofensivo, provoca en la vida de Carlos consecuencias más graves que las que uno imaginaría, y deja una huella imborrable en su vida.

Esta es, en buena medida, una historia de amor imposible. Si bien para Carlos, su encuentro con Mariana significa el descubrimiento del deseo y la sensualidad, su historia es la de un amor pueril, tierno, un amor “platónico”, aunque no por ello menos real y doloroso para el pequeño protagonista, quien experimenta por primera vez la mezcla de miel y hiel que traen consigo los asuntos sentimentales. Carlos es un personaje peculiar: aun siendo un niño, tiene la suficiente conciencia y comprensión para entender que su amor por Mariana es agua que va escurrirse entre los dedos. De hecho, a pesar de ser el más joven de los personajes de la novela, pareciera también ser el más sensato y razonable. Hay que entender que el protagonista de la novela es Carlos, el niño de quizá menos de diez años de edad, pero la historia es narrada por un Carlos ya adulto, maduro, quien está haciendo un recuento de los sucesos que vivió cincuenta años antes. Esta mezcla de inocencia y adultez convierte a Carlos en un personaje con el que resulta muy fácil identificarse.

José Emilio Pacheco murió el pasado 26 de enero de 2014, a los 75 años de edad, dejando un basto legado a los amantes de la literatura, que va mucho más allá de Las batallas en el desierto, aunque ciertamente es esta la novela por la cual es y será más recordado, especialmente entre los lectores mexicanos. Publicada en 1981, Las batallas en el desierto es una novela sin edad. Los lectores maduros siempre podrán acudir a este retrato de la época maravillosa que prometía un futuro mejor, moderno y multicultural, mientras que para los jóvenes queda este testimonio de un tiempo en el que la violencia no era la noticia del día, y las palabras y los objetos que ahora son cotidianos apenas llegaban al país. Adiós y gracias a José Emilio, como le gustaba ser llamado, porque Las batallas en el desierto nunca se acabarán.


miércoles, 29 de enero de 2014

0 "Lolita" de Vladimir Nabokov (1955)


El término "Lolita" ha trascendido a la cultura universal para referirse a una mujer con características y rasgos infantiles que tiene un gran atractivo sexual. Una "Lolita", por lo tanto, es aquélla que "allí está, sin que nadie, ni siquiera ella, sea consciente de su fantástico poder". Esta novela de Vladimir Nabokov es el punto de origen de este término. Publicada en 1955, "Lolita" causó gran controversia por aludir a temas como el incesto y la pedofilia e inclusive fue catalogada como pornográfica por su contenido erótico.

Este trabajo, considerado el más sobresaliente de la carrera de Nabokov, narra la historia de Humbert Humbert, un hombre europeo quien tras divorciarse, emigra a los Estados Unidos con el propósito de iniciar una nueva vida. En este país,  se convierte en el inquilino de Charlotte, una voluptuosa viuda que pronto se enamora de Humbert, sin sospechar, que el interés de él se encuentra depositado en su hija de doce años, Lolita.

Narrada a manera de confesión, Humbert explica detalladamente su fijación por las nínfulas, a quienes define como "muchachas, entre los nueve y los catorce años de edad, que revelan su verdadera naturaleza, que no es la humana, sino la de las ninfas (es decir, demoníaca), a ciertos fascinados peregrinos, los cuales muy a menudo, son mucho mayores que ellas". Desde su juventud, Humbert descubrió que experimentaba un placer mayor con el sólo hecho de observar a una nínfula que con relacionarse con una mujer de su edad.

Su encuentro con Lolita, enloquece a Humbert a tal punto de casarse con su madre, con tal de asegurar la cercanía entre ellos. Tras un accidente sufrido por la madre y ya como su padrastro, Humbert y Lolita emprenden un viaje por carretera a través de todo el país, involucrándose en una relación incestuosa que culminará con gran violencia.

Además de mostrar con gran crudeza la mente de un hombre obsesionado con una niña, Nabokov también presenta una dura crítica a la sociedad norteamericana y la vida suburbana. El morbo y la doble moral de una sociedad que parece moverse sólo por el dinero y la costumbre. El retrato que ofrece el autor de la mente de este hombre es tan detallado que el lector experimenta distintas emociones a lo largo de la novela, desde asombro hasta repulsión, así como por Lolita, quien pronto se descubre como una adolescente cuya inocencia se perdió mucho antes de toparse con Humbert.

Utilizando la ironía y el sarcasmo, el viaje emprendido por los dos protagonistas está lleno de suspenso, angustia y peligro. Un hombre maduro y una niña de doce años viajando de motel en motel por los Estados Unidos es una combinación peligrosa, sobre todo para él, que eventualmente se da cuenta que su atracción por "Lolita" va mucho más allá de su aspecto de nínfula, se convierte en un amor tan intenso, por el que está dispuesto a dar la vida y la libertad.  Una novela emocionante e intensa que nos obliga a cuestionar nuestras ideas acerca de las relaciones humanas porque no me viene a la mente otro texto en el cual un hombre describa a una mujer con tanta vehemencia y amor como Humbert a Lolita.   

miércoles, 22 de enero de 2014

0 Esperando a Godot, de Samuel Beckett (1952)


A veces es difícil definir con precisión los elementos que vuelven célebre a una obra literaria, los atributos que la convierten en un clásico, lo que lleva a una novela, un poema o una obra de teatro a convertirse en “imprescindible”. Lo que es indudable, es que una obra no necesita ser complicada o intrincada para provocar a los lectores, trastocar sus sentimientos, o incluso transformar sus ideas. A veces las historias más sencillas son solo la puerta de entrada a complejas, apasionantes y extraordinarias obras que cambian la vida de quienes se acercan a ella. Sin duda alguna, el mejor ejemplo de ello es la breve obra teatral del escritor irlandés Samuel Beckett, Esperando a Godot, cuya historia, en apariencia simple y llana, tiene ya más de 60 años causando sorpresa, perplejidad y perturbación entre sus lectores y espectadores.

La trama es tan elemental, que ni siquiera resulta necesario resumirla. La obra es protagonizada por Vladimir y Estragon (aunque entre ellos se llaman “Didi” y “Gogo”), quienes se encuentran en un yermo paraje, esperando interminablemente la llegada de alguien llamado “Godot”. Hasta allí la célebre trama. Por supuesto, durante su espera, Vladimir y Estragon buscarán diferentes maneras de “pasar el rato”, aunque con la resignada actitud de quien sabe que no por eso será más rápido o agradable, también discutirán, buscarán pequeñas alegrías, divagarán sobre su triste situación y su poco prometedor futuro, y se encontrarán con otros personajes no menos peculiares que ellos.

Publicada en 1952 y estrenada al año siguiente, la espera sin fin de Vladimir y Estragon resultó desconcertante y apabullante para lectores y espectadores. Incluso en algunos países tuvieron que pasar años para que la obra se estrenara, debido a que no había compañías teatrales lo suficientemente arriesgadas para atreverse a montar en escena una obra tan poco convencional para la época.  Desde entonces, los testigos de la espera de Vladimir y Estragon se han dividido entre quienes encuentran la falta de acciones y sucesos como una charlatanería por parte de Beckett y quienes la califican como una obra maestra que simboliza insuperablemente el tedio, la carencia de significado de la vida y la sensación de abandono y extravío que prevalecía en la postguerra.

Desde su estreno en 1952, críticos, académicos y espectadores en general han generado incontables análisis e interpretaciones de los símbolos y significados encerrados en Esperando a Godot. Esta es una de esas breves obras sobre las cuales se han escrito una cantidad incalculable de páginas. Como un buen tratado filosófico, la obra plantea muchas más preguntas que respuestas. Ha sido este carácter enigmático y ambiguo lo que la ha mantenido vigente incluso a décadas de su estreno, mientras que por su parte, la naturaleza confusa y en ocasiones contradictoria de sus protagonistas los ha convertido en personajes legendarios de la historia del teatro.

Pieza clave del llamado “teatro del absurdo” (término que recientemente se ha debatido) y de la literatura existencialista, Esperando a Godot es una obra de lectura obligada para todo buen lector, aunque puede resultar un poco difícil de digerir para los más principiantes o para quienes prefieren las obras ligeras. Vladimir y Estragon, como Caín y Abel, son representantes de todo el género humano. Su espera sin fin simboliza la espera de todos, la espera de algo que nos saque de nuestro aburrimiento, que nos libre de nuestra soledad, que reafirme nuestra condición de seres humanos, o que le confiera sentido a nuestra existencia. Nuestra espera de Godot, porque a fin de cuentas, todos estamos esperando a Godot.

miércoles, 15 de enero de 2014

0 "Invisible" de Paul Auster (2009)


Cuando nos topamos con una novela de corte policíaco, el suspenso y la intriga son dos de los elementos que más interés nos despiertan. La incertidumbre y la confusión producida por los giros inesperados de una trama impide a los lectores soltar un libro. "Invisible" es precisamente una novela que se lee con avidez porque durante toda la trama se produce esta ansiedad por saber cuál será el desenlace. El protagonista es una persona aparentemente simple, Adam Walker, un estudiante de literatura de la Universidad de Columbia, sin muchas ambiciones y totalmente ignorante del efecto que causa en las personas.

En una fiesta -como tantas a las que asisten los estudiantes- conoce a Rudolf Born, un profesor francés invitado y a Margot, su acompañante. El encuentro con esta pareja marca el inicio de una extraña relación basada en un juego de seducción que Walker no logra entender por completo pero que desata una serie de acontecimientos que lo perseguirán hasta el final de sus días. Todo comienza con la propuesta de Born de dirigir una revista literaria, algo que le genera gran desconfianza a Adam; sin embargo, es incapaz de negarse y empieza a involucrarse con la misteriosa pareja.

Estructurada en cuatro partes, "Invisible" narra la vida de Adam Walker durante distintas épocas, iniciando en 1967, un año crucial en su vida cuando un incidente con Born lo obliga a viajar temporalmente a París. A través de tres distintos narradores, conocemos el rumbo que toma la vida de Adam Walker y los fantasmas que lo atormentaron hasta el día de su muerte. La primera parte, narrada por el protagonista, se centra en sus años en Columbia como estudiante y en el encuentro con Born. Las segunda y tercera partes están narradas por un amigo de Walker que, convertido en un renombrado escritor, revisa las memorias de Walker, algunas sumamente perturbadoras. Finalmente, la última parte es narrada por la hija de la prometida de Born, que en su juventud se enamoró perdidamente de Walker.

Durante toda la trama, Auster utiliza el suspenso, la intriga y el erotismo para envolver al lector en la historia. La culpa, la búsqueda de la redención y la ambición por el poder están constantemente inmersos en la vida de los personajes. El autor revela a cuentagotas la trama y obliga al lector a reunir por sí mismo las piezas que le permitan entender lo que está sucediendo y a inferir las intenciones de los personajes, salvo en el caso del protagonista, que claramente está inspirado en el propio Auster, poco sabemos de todos los demás.

"Invisible" es una novela en donde Auster juega magistralmente con el lector y lo coloca en medio de una historia excitante, vertiginosa y llena de elementos sorpresa que simplemente nos deja absortos en la lectura. Muy recomendable para quienes disfrutan de este género.

miércoles, 8 de enero de 2014

0 La gaviota, Juan García Ponce (1972)

Son muy pocos los temas que podrían causarle al lector -o en cualquier caso, al ser humano-, más conmoción, añoranza y ternura, que el del primer amor. Pocas cuestiones son tan claramente universales y definitivamente inolvidables como el experimentar por primera vez la impaciencia, y la inquietud que provoca el enamoramiento. Ciertamente, el tema no se limita a una simple asunto sentimental: enamorarse por primera vez no solo marca, evidentemente, la entrada al agitado y engorroso mundo del romance, de las relaciones de pareja y de la doma de nuestras emociones y sentimientos, también es señal inconfundible de que la madurez está en marcha, y por tanto de que se acerca el fin de la infancia y la consecuente pérdida de la inocencia, y por supuesto, es también el signo que precede al no menos complejo descubrimiento y despertar de la sexualidad. En la novela breve, La gaviota, el escritor mexicano Juan García Ponce, retoma estos complicados asuntos, y nos ofrece una obra ágil, enternecedora y emocionante, totalmente alejada de los clichés, la caricaturización y la cursilería en la que suelen caer los melodramas de romance juvenil que tan en boga han estado en los años recientes.

Los primeros elementos que destacan en La gaviota son la simpleza y la universalidad. La ausencia de fechas exactas, nombres de los lugares, y datos precisos de los personajes, nos habla de una historia imperecedera que podría estar sucediendo en cualquier lugar. Ubicada en un momento indeterminado, que podría ser 1970 lo mismo que podría ser el año actual, esta es la historia del primer amor de Luis, un típico adolescente mexicano de clase media, de edad incierta pero evidentemente en plena pubertad, ese momento en el no se han abandonado por completo los comportamientos infantiles, pero estos se mezclan con la vanidad, la presunción y la exasperación, es decir, con los primeros rasgos de la madurez. Luis y sus padres se encuentran pasando las vacaciones de verano en una cabaña sobre la playa, en el que podría ser cualquiera de los pequeños poblados que se encuentran en las costas mexicanas, un lugar cálido, tranquilo y simple. Pero estas vacaciones serán diferentes e inolvidables para nuestro protagonista: sus padres han invitado a una pareja de origen extranjero y su joven hija a pasar las vacaciones de verano con ellos; así, Luis conoce a Katina, una bella y exótica adolescente alemana que rápidamente le robará el aliento y la tranquilidad, y lo llevará a experimentar sentimientos y sensaciones desconocidas hasta ese momento.

A simple vista, puede parecer típico e incluso predecible, que dos adolescentes en pleno despertar sexual terminen embrollándose de alguna manera tras varias semanas de convivencia diaria en un escenario paradisiaco, con poca ropa y poca supervisión adulta. No obstante, La gaviota es una historia que escapa de las predicciones y de las obviedades de la mayoría de las historias de “amor adolescente”. Su estilo ágil, ligero, los simbolismos utilizados (como la relación entre la luz y Katina), e incluso algunos momentos sorpresivos de erotismo, dan como resultado una obra emocionante que se lee sin descanso.

A diferencia de lo que comúnmente se espera de una obra para adolescentes, La gaviota no es una historia “romántica”, con embelesadas declaraciones de amor y escenas de heroísmo y conquista de la amada. Juan García Ponce nos ofrece una historia mucho más simple, y en cierto sentido, mucho más “real” y verosímil, sobre la confusión, el temor y el desenfreno que genera el primer amor. Conforme avanza el relato, el lector acompaña a Luis en una serie de experiencias totalmente nuevas para él, como la ansiedad que le provoca perder de vista a Katina, los celos de verla divertirse con otros chicos, los momentos en los que ante la mirada de los adultos tiene que fingir indiferencia o incluso cierto desprecio hacia ella, pero también el placer de los breves e inesperados roces y acercamientos de los cuerpos y la idílica sensación de que en todo el mundo ya no existe nada más que ella.

El romance de Katina y Luis se publicó por primera vez en 1972 en el libro Encuentros (que incluía otros dos relatos breves: “El gato” y “La plaza”), sin embargo, La gaviota es una obra que ha tomado su propio camino y reclamado su propio lugar en la literatura mexicana. A principios del siglo XXI, tras la muerte del autor, el relato fue rescatado y publicado ya en solitario, de modo que quedara claro su carácter de novela breve. Además, la obra ha sido incluida en diferentes antologías y colecciones, fue seleccionada por la Secretaría de Educación Publica del gobierno mexicano para formar parte de la serie “18 para los 18” (una colección de novelas breves de autores mexicanos, dirigidas especialmente a los jóvenes), y fue seleccionada por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes para formar parte de la colección de sus “Salas de lectura” (pequeños espacios de lectura instalados en diferentes puntos del país donde se fomenta el acercamiento de la sociedad con los libros).

Si bien comúnmente se recomienda la lectura de esta breve obra entre los adolescentes, es un error pensar que solo ellos podrán disfrutarla. Si bien puede ser cierto que los lectores más jóvenes se sientan inmediatamente identificados con alguno de los protagonistas, con La gaviota los lectores no tan jóvenes pueden volver a gozar y sufrir la maravillosa experiencia de enamorarse por primera vez.

miércoles, 1 de enero de 2014

0 "Al sur de la frontera, al oeste del sol" de Haruki Murakami (1992)


Entrar en la mente de una persona y conocer sus más íntimos secretos y ambiciones es uno de los grandes privilegios que nos da la literatura. Acercarnos a los pensamientos y temores de un personaje nos permite entender el por qué de su comportamiento y las pugnas que se presentan al interior de alguien que experimenta un conflicto interno. "Al sur de la frontera, al oeste del sol" es una novela que permite precisamente esto, involucrarnos a tal punto en la mente del protagonista, que su angustia y frustración ante la vida que le tocó (o que eligió) la experimentamos como si fuera propia.

En esta novela, Murakami nos cuenta la historia de Hajime, un joven japonés que desde su infancia se sintió fuertemente incomprendido. Como hijo único, Hajime encontraba poca afinidad en sus compañeros y pasaba gran parte del tiempo solo, hasta que llega a su escuela una nueva compañera con la que entabla amistad. Shimamoto, una niña coja pero con una fuerte personalidad, se convierte en su única amiga, con ella comparte su afición por la lectura y la música y pasa "muchos de los momentos más felices de su vida". Con el transcurso de los años, las vidas de Hajime y Shimamoto toman rumbos distintos; sin embargo, para ambos el vínculo que los une se vuelve indisoluble.

Convertido ya un adulto, la vida de Hajime no es nada fuera de lo ordinario. Casado y con dos hijas, su principal ocupación es la administración de dos bares de jazz en una exclusiva zona de Tokio. A pesar de que su matrimonio y la relación con sus hijas va bien y de que sus negocios han resultado ser muy exitosos, Hajime siente un gran vacío en su vida. Una noche, entra en su bar una elegante y misteriosa mujer que resulta ser Shimamoto, su amiga de la infancia. A partir de ese momento, la vida de Hajime es trastocada por el reencuentro con Shimamoto y siente el impulso de dejarlo todo por estar con ella.

Gran parte de la novela está centrada en el conflicto interno que experimenta Hajime tras su reencuentro con Shimamoto, la narración de Murakami no sólo atrapa la atención del lector, sino que lo involucra en la mente del protagonista, conocemos de primera mano la turbación que se genera por la llegada de un amor que creía perdido. El lenguaje y la descripción que hace el autor de los sentimientos que experimenta el protagonista por una mujer de la que no sabe más de lo puede ver provoca en el lector un gran suspenso y ansiedad por conocer el desenlace. 

La manera en la que va tejiéndose la trama en torno a un elemento en particular, en este caso, de la música, le da a la narración mucha ligereza y cadencia, es un texto que puede leerse fácilmente en algunas horas. Contrario a muchas otras novelas en donde el argumento se centra en la imposibilidad de que dos personas puedan estar juntas, Murakami lo lleva más al plano individual, donde cobra importancia el elemento del hijo unigénito. Las transiciones físicas y emocionales que experimenta el protagonista a lo largo de su vida están siempre vinculadas a su búsqueda de ese otro individuo que comprenda su naturaleza, su tendencia a la soledad y su egoísmo.

En general, es una novela fácil de leer, pero no por ello superficial, al contrario, Murakami logra transmitir sin problema la complejidad inherente a los seres humanos, el valor agregado diría que está en la intimidad que logra el autor con el lector, algo no muy frecuente en estos días.  
  
   

miércoles, 25 de diciembre de 2013

0 Frankenstein o El moderno Prometeo, Mary Shelley (1818)

No son pocas las obras clásicas de la Literatura –y sucede también en otras Artes- que corren una suerte paradójica: son tan populares que sus personajes y sus historias se encuentran instalados definitivamente en el imaginario colectivo, pero al mismo tiempo sus detalles y puntos medulares son ignorados por la mayoría. Esta es la suerte contradictoria de Frankenstein o El moderno Prometeo, extraordinaria novela gótica, pieza clave del género de terror y precursora de la ciencia ficción, cuyo personaje principal ocupa, sin duda alguna, uno de los puestos principales de la mitología contemporánea. La trama es bien conocida, al menos a grandes rasgos, aunque hay que decir que quizá no gracias particularmente a la novela, sino a las diferentes versiones libres que se han desarrollado en múltiples medios, las cuales han propagado y establecido ideas sobre la historia y particularmente sobre sus protagonistas, que no siempre coinciden con la publicación original, escrita en 1818 por la escritora londinense Mary Shelley. La fábula de Frankestein ocupa pues un lugar destacado en el imaginario colectivo y en la mitología de terror, sin embargo, la asombrosa novela en la que su historia fue contada por primera vez, sigue siendo una gran desconocida para los lectores del siglo XXI.

Este es un perturbador relato sobre la posible perversión del progreso científico y tecnológico, la relación entre la ciencia y la moral, la búsqueda de poderes divinos, especialmente el de otorgarle vida a lo inerte, y la responsabilidad que ello implicaría. Es también un ensayo sobre la orfandad, la venganza, la naturaleza dual del ser humano y la desesperada búsqueda de un creador que nos reconozca, nos acompañe y nos rescate de la soledad.

Es la historia de Víctor Frankenstein, un joven y talentoso científico, primogénito de una buena casa, querido y respetado por su familia y amigos. Ávido de incrementar su dominio de las ciencias, Víctor emigra de Suiza, su país natal, a Inglaterra, para continuar sus estudios universitarios en ciencias naturales. Ensimismado y obsesionado con los increíbles avances y descubrimientos científicos que ha realizado, poco a poco, Víctor comienza a aislarse y a perder cada vez más el contacto con la sociedad. Su último descubrimiento, la capacidad de transferirle a la materia inerte la chispa de la vida, lo lleva a emprender un proyecto que trasciende por mucho los límites de la ciencia hasta ese momento conocida: construir una criatura en un laboratorio clandestino y otorgarle el don de la vida. Víctor Frankenstein es el único científico capaz de realizar semejante hazaña, sin embargo, su dominio de la ciencia no lo ha preparado para entender las implicaciones de su arrojado experimento y enfrentar sus terribles consecuencias. Esa será una nueva lección que tendrá que aprender con sufrimiento, dolor y desesperación, lección que le será impartida precisamente por la criatura a la que le ha dado vida.

Como las grandes obras, Frankenstein o El moderno Prometeo no ha estado exenta de la polémica, la discusión y la reinterpretación. La novela es constantemente estudiada y analizada por lectores y académicos de todo el mundo, e incluso se le dedican cátedras y cursos enteros en algunas universidades. Pero sin duda, una de sus claves más importantes, sino es que la principal, se encuentra en el mismo título de la novela. En éste, Mary Shelley nos advierte que estamos ante un recuento del antiguo mito de Prometeo, el titán que en la mitología griega crea a los hombres y les regala el fuego, por lo que después es castigado por los dioses. A diferencia de Prometeo, Víctor Frankenstein es castigado por su propia creación.

Cine, teatro, televisión, historietas e incluso operas-rock, son solo algunos de los medios en los que el relato ha sido recreado constantemente, destacando la famosa película en blanco y negro de 1931, del director James Whale, que estableció definitivamente la imagen física de la criatura que protagoniza la novela: alto, espalda ancha, piel pálida, labios gruesos y rasgos toscos, de lento andar y con una sobria vestimenta negra; ciertamente la imagen que a todo el mundo le viene a la mente al escuchar este nombre.

En su novela Frankenstein o El moderno Prometeo, Mary Shelley planteó importantes preguntas que después de poco más de siglo y medio continúan siendo totalmente relevantes: ¿Cuál era la responsabilidad del creador ante su creación?, ¿quién es el verdadero monstruo de la historia?, ¿qué significa ser humano?, ¿era la criatura construida por Víctor Frankenstein un ser humano? Estas cuestiones son absolutamente vigentes y es preciso que la humanidad siga reflexionando al respecto, dados los sorprendentes descubrimientos científicos y los increíbles avances tecnológicos alcanzados en los últimos años, como la clonación, la ingeniería genética y el desarrollo de biotecnología.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

0 "Demasiada Felicidad" de Alice Munro (2010)

 
Uno de los efectos que tiene el Premio Nobel de Literatura es que coloca a los galardonados bajo los reflectores. No importa si se trata de un escritor ampliamente conocido, como fue el caso de García Márquez en 1982 y de Harold Pinter en 2005, o de autores poco difundidos como Mo Yan en 2012. Invariablemente,la obra de los galardonados recibe una gran atención de manera casi automática.

El caso de la escritora canadiense Alice Munro no ha sido la excepción. Varios de sus textos han sido reeditados recientemente tras haber sido galardonada este año. La obra que nos ocupa es "Demasiada Felicidad", una compilación de diez cuentos en donde Munro presenta personajes tan disímiles como una matemática rusa que vivió a mediados del siglo XIX y un carpintero ficticio fascinado por los bosques canadienses cuya obsesión por la madera lo lleva a verse involucrado en un serio accidente.

Una de las características del relato corto es que el lector puede inferir desde temprano cuál será el curso que tomará la historia. Sin embargo, Munro logra mantener durante buena parte de sus cuentos el suspenso y va guiando el relato hacia desenlaces poco convencionales. Uno de los elementos que más llamó mi atención, es que durante buena parte de cada uno de los cuentos, pareciera que se trata de relatos mundanos sin mucha sustancia, pero a medida que se avanza en la lectura, los personajes se ven envueltos en situaciones limítrofe que los llevan a actuar de forma inesperada y que desencadenan una serie de acontecimientos que rompen completamente con la predictibilidad del relato.

La mayoría de los relatos están centrados en personajes femeninos. Mujeres de todo tipo, desde aquéllas que enfrentan situaciones adversas como la muerte de los hijos y la ruptura matrimonial hasta profesionistas que pugnan por sobresalir en sectores dominados por hombres. A pesar de que la perspectiva femenina destaca en este trabajo de Munro, los personajes no están encasillados en estereotipos ni existe una exacerbación de las virtudes de las mujeres, por el contrario, se les describe como seres imperfectos, con temores e inseguridades, pero también capaces de dominar sus propias emociones.

Como sucede con todas las antologías, existen relatos más interesantes que otros, según el gusto y la preferencia de cada lector; sin embargo, es indiscutible que la autora conoce y maneja muy bien este tipo de relato. Aunque la narrativa es compleja (hay constantes saltos en el tiempo y el espacio) Munro estructura muy bien el argumento de cada cuento. Asimismo, el manejo del lenguaje es impecable, pues Munro lo adapta de acuerdo con el perfil de cada personaje, utilizando los modismos que mejor transmiten sus características.

La apreciación de la obra de Munro es muy subjetiva, pero hay que reconocer, desde mi perspectiva, dos puntos destacables. Primero, el hecho de que conoce y domina el género del relato corto. Segundo, que se aprecia que Munro es una escritora que hace un trabajo importante de documentación e investigación previo a la escritura. Aun cuando se trate de relatos de ficción, las referencias históricas, geográficas y culturales que se encuentran en sus relatos evidencian que se toma bastante en serio su trabajo.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

0 Mil grullas, de Yasunari Kawabata (1951)


En Kamakura, una pequeña ciudad rodeada de montañas, el joven Kikuji lleva una vida simple y solitaria, marcada por la muerte de sus padres y los recuerdos de su infancia, especialmente los relacionados con la promiscuidad de su padre. Kikuji recibe una invitación para asistir a una ceremonia del té que será oficiada por Kurimoto Chikako, maestra experta en el centenario ritual de preparar y compartir el té, y alguna vez amante del padre de Kikuji, el fallecido señor Mitani. Chikako le ha revelado a Kikuji que la ceremonia es una excusa para poder presentarle a una señorita que se encuentra en edad casadera y en busca de esposo. Movido por la curiosidad, Kikuji acude a la cita para descubrir que la soltera en cuestión es Yukiko Inamura: hija de buena familia, joven, bella y refinada, tal como lo revela su pañuelo con el diseño de sembazuru, las mil grullas que en el imaginario japonés simbolizan la longevidad, la salud y los deseos cumplidos. Pero la hermosa Yukiko no es la única que se introduce en la insociable vida de este joven. La ceremonia del té también significará el rencuentro de Kikuji con dos antiguas queridas de su padre: Chikako, la manipuladora y ponzoñosa maestra del té, que hace las veces de casamentera, y la señora Ota, quien vive sumida en la culpa y el remordimiento que le provocan los recuerdos de su aventura con el señor Mitani. El cuadro lo completa Fumiko, la tímida e inasible hija de la señora Ota, la más incomprensible y medrosa de las mujeres que repentinamente han llegado a la vida de Kikuji, y también la única capaz de provocarle nuevos ánimos y deseos al solitario huérfano.

Una de las características de Mil grullas que han seducido a los lectores por más de medio siglo, es que a la manera de los sistemas estelares, esta historia se despliega en una serie de movimientos y relaciones definidas por las fuerzas de la atracción y la repulsión. En principio, la novela misma gira continuamente alrededor de la ceremonia del té, símbolo de hospitalidad, armonía y refinamiento, y una de las manifestaciones tradicionales de la historia y la cultura japonesa que más intrigan a occidente.  Este ritual es el centro alrededor del cual se encuentran irremediablemente atados Kikuji, el cuarteto femenino que lo acompaña, pero también los objetos que utilizan y los lugares en los que se relacionan. Y al igual que con los astros, que recorren el espacio bajo el riesgo de encontrar otro cuerpo celeste en su camino, las órbitas de los protagonistas de Mil grullas pasan tan cerca una de la otra, que parece inevitable que se crucen y provoquen un choque en medio del silencio.

Por su parte, como si fueran pequeños satélites, los personajes parecen sujetos a los utensilios requeridos para llevar a cabo el rito de servir el té. Así, Kikuji gira alrededor de un tazón Oribe negro, Fumiko, de una jarra Shino que ha perdido su identidad, pues ya no se usa para preparar el té sino como florero, el fallecido señor Mitani parecerá estar presente en la forma de un Karatsu de tonos verdes, y la señora Ota a través de un Shino cilíndrico en el que ha quedado marcada la huella de sus labios. Mil grullas es, en parte, una oda a los instrumentos que nos acompañan en nuestros rituales tanto cotidianos como sagrados. En esta historia, objetos y personas se transmutan, se confunden y dejan rastros unos en los otros. Los utensilios guardan las huellas de aquellos a los que pertenecieron, y en los personajes quedan grabados, no los nombres o los rostros de los demás, sino la relación que guardan con sus objetos. Así, para Kikuji, la señorita Inamura es un pañuelo con mil grullas estampadas, y para Chikako, el fallecido señor Mitani es una preciosa y valiosa colección de recipientes y avíos para la ceremonia del té.

Publicada originalmente en 1951, época de posguerra en la que la sociedad japonesa comenzaba a normalizar su vida a pesar de que el recuerdo de la guerra era reciente aún, Mil grullas es una febril y luminosa historia sobre el deseo, la soledad, la culpa, la redención, los significados ocultos de los rituales, el peso de las acciones y decisiones del pasado, y sobre el vínculo irrompible que une a vivos y muertos. A través de un estilo sobrio y flemático, más que narrar, el célebre escritor Yasunari Kawabata parece sugerir, insinuar delicadamente las penas, dudas y recuerdos de Kikuji y las misteriosas mujeres que lo rodean. En Mil grullas, los gestos, los movimientos, las sensaciones, los destellos de la luz en la porcelana, la dirección de las miradas, la humedad de una casa de jardín que necesita ser ventilada, y los colores de unas flores son los verdaderos narradores de la historia.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

0 "Carrie" de Stephen King (1974)


La historia de “Carrie” está fuertemente arraigada en la cultura popular. Sin haber leído la novela o haber visto las adaptaciones cinematográficas, existe una noción colectiva de la trama de esta novela de Stephen King. Carrie White, una adolescente retraída, sufre los constantes abusos y humillaciones de sus compañeros de escuela. Durante años, Carrie ha sido el objetivo predilecto de burlas y pesadas bromas que la han traumatizado durante gran parte de su vida. En casa, Carrie tampoco encuentra un espacio de tranquilidad: su madre, una fanática religiosa, la atormenta constantemente con la idea del pecado, impidiéndole llevar una vida normal.

Tras haber sido nuevamente humillada por sus compañeras, Carrie recibe la invitación de uno de los chicos más populares de la escuela para asistir al baile de graduación. A pesar de que duda de la sinceridad de la invitación y de la oposición de su madre, Carrie anhela asistir a ese evento, sin sospechar que un grupo de jóvenes ha diseñado un plan para humillarla frente a toda la generación. Ante esta última agresión, Carrie responde con una venganza que afectará no sólo a sus compañeros, sino a toda la ciudad.

El argumento central pareciera sumamente cotidiano y actual, una adolescente que sufre por el rechazo de sus compañeros y que está indefensa ante los constantes ataques; sin embargo, la protagonista de la novela de King no es una adolescente común y corriente. Desde su infancia, Carrie descubrió que tenía poderes telequinéticos que cada día, tras practicarlos, se habían ido fortaleciendo. Desde mantener un libro flotando en la habitación, hasta someter a su madre durante una discusión, Carrie poco a poco adquiere conciencia del potencial de su poder, aun cuando no pueda controlarlo totalmente.

La novela incorpora en la narración una serie de fragmentos de otros textos relacionados con el incidente provocado por Carrie White, notas periodísticas acerca del suceso, testimonios de algunos testigos, cartas, reportes judiciales, entre otros. A través de esta compilación, King construye la historia de esta adolescente, de su familia y de la tragedia que azotó la ciudad.

“Carrie” es una novela sin muchos atributos, el argumento es ya muy conocido, una persona que ha sido sistemáticamente violentada y que en un momento explota y responde a la agresión. Por otro lado, la narrativa es muy elemental, los personajes caen en todos los estereotipos que podrían asociarse con los adolescentes, la descripción de los poderes telequinéticos de la protagonista hacen que estos episodios parezcan absurdos e inverosímiles. En consecuencia, es un relato que no genera ni suspenso ni terror. En lo personal no sé si una historia como esta provocara esas reacciones a principios de los años 70, en el 2013 definitivamente no.


miércoles, 27 de noviembre de 2013

0 Bartleby, el escribiente; Herman Melville (1853)

Cualquier recuento de los personajes más intrigantes de la Literatura estaría incompleto si no se mencionara de forma especial a Bartleby, el enigmático copista de un despacho legal de Wall Street, cuya historia fue narrada por Herman Melville en 1853, tan solo dos años después de que publicara Moby Dick, la monumental novela que lo consagró como escritor y por la que es comúnmente recordado. Con el tiempo, fue Moby Dick la que se convirtió, merecidamente, en un clásico, mientras que Bartleby, el escribiente tomó su propio camino, lejos del éxito comercial y de los halagos simplones de la crítica, y se volvió una de las primeras obras de culto de la Literatura.

Este extraño relato es contado por un bonachón y apacible abogado neoyorquino de mediados del siglo XIX. No es mucho lo que se sabe sobre el narrador: que es un hombre exitoso en la política y en los negocios, es gentil, educado, razonable, y especialmente tolerante y comprensivo con sus excéntricos empleados: Nippers y Turkey, dos curiosos escribientes encargados de copiar documentos legales a mano durante todo el día, y Ginger Nut, el joven office boy responsable de suministrarles tortas y pasteles a los amanuenses. Ante la prosperidad de su negocio y el incremento en la cantidad de trabajo, el abogado decide colocar un anuncio clasificado solicitando un tercer escribiente. Es así como aparecerá en la oficina la figura "pálidamente pulcra, lamentablemente respetable, incurablemente solitaria" de Bartleby, un insólito personaje sobre el cual no sabemos prácticamente nada, y conforme avance el relato, nos daremos cuenta de que prácticamente no hay nada que saber: Bartleby no tiene apellido, no tiene pasado, no tiene amigos o familia, domicilio, sueños ni expectativas. Hasta donde se sabe, su característica más relevante, o al menos la única certeza que se puede tener sobre él, es que existe… está allí, instalado en un escritorio que se esconde tras un biombo, sentado junto a una ventana desde la cual lo único que puede verse es un muro de ladrillos. La llegada de Bartleby trastornará la paz y la tranquilidad del pacífico abogado, quien lo intentará todo para librarse de este sombrío invasor.

Los problemas del abogado con su nuevo empleado surgen cuando éste comienza a negarse ante las más elementales peticiones de su empleador. Es aquí donde Melville pone en boca de Bartleby una sentencia maldita que se ha convertido en una de las frases más famosas de la literatura: I would prefer not to [Preferiría no hacerlo]. Como un mantra, estas palabras serán lo único a lo que Bartleby decida aferrarse. Pero eso es solo el principio: poco después, Bartleby no solo se rehusará a llevar a cabo sus labores profesionales, sino que prácticamente se negará a realizar cualquier acción que vaya más allá del hecho mismo de estar allí, ocupando un espacio. Si bien al principio este escribiente se muestra como un empleado eficiente y confiable, no tardará en mostrar una naturaleza disruptiva de la lógica y de la paz que reina en la oficina: Bartleby es sencillamente indiferente hacia todo, ha abandonado ya no solo su sentido del asombro sino los más primarios instintos de reacción ante lo que le rodea, y ha renunciado a su voluntad, a sus deseos, y a la ansiedad que provoca el estar vivo.

Con apenas menos de cien páginas, este relato ha sido centro de incontables discusiones y reflexiones, ha provocado innumerables ensayos y estudios críticos (incluyendo el célebre ensayo Bartleby y compañía, del escritor español contemporáneo Enrique Vila-Matas), y ha ocupado la atención de artistas e intelectuales como Camus, Borges y King. La influencia de esta obra ha sido tal, que incluso se le atribuye haber sido precursora de movimientos filosóficos y artísticos como el existencialismo y la literatura del absurdo. Son varios los elementos de Bartleby, el escribiente que llaman la atención, pero quizá su principal atractivo radique en su carácter ininteligible, confuso y misterioso, y en la extraña sensación de desosiego en la que permanece el lector incluso mucho después de haber terminado la obra.

A más de un siglo y medio de distancia, Bartleby sigue siendo tan elusivo y tan enigmático como lo fue en el momento de su aparición, a mediados del siglo XIX. La brevedad de la obra, la inteligente y curiosa combinación de sencillez y profundidad, y la extraña sensación de desconcierto en la que queda sumergido el lector, invitan irremediablemente a una segunda y tercera lectura. Pero incluso después de revisar la historia varias veces, el lector se encuentra en el mismo estado de confusión y conmiseración por el singular escribiente. Obra adelantada a su época, que cualquier lector, ya sea principiante o adelantado, preferiría no perderse.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

0 "Mi vida en la Maleza de los Fantasmas” de Amos Tutuola (1973)


De vez en cuando es interesante encontrarse con un texto que sale de lo convencional. Acercarnos a la obra de escritores no muy conocidos puede llevarnos a experimentar realidades distintas a la nuestra y abrir la mente hacia otro tipo de relatos. Poco difundida, la literatura africana es un medio efectivo para conocer, de primera mano, un poco más acerca de la cultura de quienes viven en este continente. Existe un halo de misterio alrededor de este lugar, tenemos ideas preconcebidas acerca de él, relacionadas con el subdesarrollo, la pobreza y la ingobernabilidad; sin embargo, más allá de esto, la cultura africana ofrece una vasta diversidad de relatos derivados de la diversidad de etnias existentes.

“Mi vida en la Maleza de los Fantasmas” es un relato escrito por el nigeriano Amos Tutuola que narra la travesía de un niño en una especie de mundo paralelo en el que habitan fantasmas y seres fantásticos y en donde las “personas terrenales” no son bienvenidas. El protagonista transita por varios pueblos habitados por fantasmas, los cuales presentan características muy distintas entre sí, algunos fantasmas lo reciben con comida y bebida en abundancia dándole trato de rey, mientras que otros lo azotan y lo confinan a ser un esclavo. En esta maleza, los fantasmas tienen la capacidad de transformarse en otras criaturas, de hacerse invisibles y otras muchas habilidades sobrenaturales. En este mundo lleno de elementos fantásticos, transcurren 24 años en la vida del protagonista, tiempo durante el cual se casa, es adorado como una deidad, provoca una guerra y enfrenta múltiples peligros. A pesar de todo, su mayor deseo es encontrar el camino de vuelta a su pueblo natal en el mundo terrenal y reencontrarse con su familia.  


Definitivamente no es un libro fácil de leer, es un texto en el cual se presentan muchos sucesos que involucran a múltiples personajes en situaciones fantásticas lo que dificulta la narrativa. Originalmente, el texto está escrito en un inglés imperfecto y la traducción intencionalmente transmite esta imperfección al conservar errores de sintaxis y el uso impropio del vocabulario de alguien que escribe en una lengua distinta a la suya.
Lo más rescatable de esta obra es que es un acercamiento a la mitología africana que transmite la gran capacidad imaginativa del autor, nos encontramos con una serie de relatos concatenados llenos de elementos fantásticos y sobrenaturales. A través de la descripción de estos seres, el lector puede sentirse inmerso en una atmósfera de incertidumbre ante lo desconocido. La exacerbación de los sentimientos como la ira, el miedo y la desesperanza presentes en la obra son muy característicos de la literatura africana.


Es un libro que transmite fielmente la complejidad de la mitología africana, el misterio y la oscuridad que rodean a esta cultura, pero que definitivamente sale de lo convencional y requiere de mucha concentración para seguir el hilo conductor de la historia. Al final, uno termina simplemente exhausto mentalmente.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

0 La Ignorancia, Milan Kundera (2000)


Durante la Revolución francesa se acuñó el término del émigré, el “emigrado”, símbolo y figura imprescindible de las sociedades contemporáneas. Sabemos que la migración es tan antigua como el mismo ser humano, pero no fue hasta que se acuñó ese término a finales del siglo XVIII, que se hizo manifiesto el matiz, la connotación del autoexilio político o social del emigrado. Desde entonces, el arte, la cultura y la política, han desarrollado una imagen idealizada y romántica del autoexiliado, el que abandona su patria por decisión propia, pero bajo una nota implícita de protesta, obligado o presionado por sus circunstancias, y como única alternativa ante ciertas condiciones políticas o sociales que imperan en su país. En La Ignorancia, Milan Kundera nos ofrece un sensible, inteligente y preciso ensayo (en forma de novela) sobre el exilio, el regreso a casa del émigré, y los sentimientos, hallazgos, desilusiones y desencantos que desata la repatriación.

Irena y Josef son dos checoslovacos que, cada uno por su cuenta y por diferentes circunstancias, se ven obligados a expatriarse, huyendo de la invasión soviética que instauró en su país un totalitarismo más duro aun que el implementado durante el régimen comunista anterior a la invasión. Irena, “bella a los cuarenta”, viajó a Francia, donde con esfuerzo, mucho trabajo y sacrificios, logró establecerse y seguir con su vida; mientras que Josef, un poco mayor que Irena, se exilió en Dinamarca, donde se enamoró, se casó y tuvo una vida simple pero feliz. El fin de la era soviética, en 1989, les brinda la oportunidad de regresar al país que tuvieron que abandonar veinte años antes, su tierra natal, que en el ideario europeo se supone que sigue siendo su “hogar”. Ambos emprenden un forzado viaje de regreso a Praga, a reconocer las calles, los lugares y las personas que no han visto durante dos décadas; a reencontrarse con su familia y amigos, aquellos que tuvieron que dejar atrás en su búsqueda de una vida mejor; a comunicarse de nuevo en su idioma materno, un lenguaje que entienden pero que después de tanto tiempo se ha vuelto extraño para ellos. Para Josef e Irena, extranjeros en los países donde tienen veinte años viviendo, y extraños en su tierra natal, que no es ni volverá a ser el país de su infancia y juventud, la posibilidad de volver al terruño los obliga a preguntarse seriamente dónde está su hogar. Buscando la respuesta a esa interrogante, realizan un viaje en el que descubrirán que “el hogar” es algo cambiante, poco fidedigno, y para el émigré, algo ilusorio.

Las historias de Irena y Josef (historias en principio independientes pero que al estilo Kunderiano se cruzarán en un episodio de erotismo en el clímax de la novela) pueden parecer simples a primera vista, sin embargo encierran algunos de los “dramas filosóficos” más profundos, interesantes y relevantes de la edad contemporánea: la búsqueda del hogar, el desencanto del regreso a casa, la consecuente pérdida de la identidad, y la trampa de la otredad, en la que siempre somos reconocidos como un “otro”: un extranjero, un visitante, un invasor; y ya no como uno del grupo, un paisano, un vecino o un compatriota. Al más puro estilo de Cabral: ese limbo en el que ya no somos de aquí, ni de allá.

Totalmente acorde con el estilo al que Kundera nos tiene acostumbrados, la trama no es más que una especie de “representación” de los temas que subyacen en el fondo (algunos de ellos, ya clásicos de este autor): la memoria, el olvido, la nostalgia, la añoranza, las ilusiones, los recuerdos compartidos, el arraigo y el desapego, la relatividad y fragilidad del hogar, y la relación hogar-identidad. De hecho, la novela en sí puede ser considerada como una serie de variaciones y exploraciones sobre este tema de inspiración homérica: el difícil regreso a casa. En este sentido, Kundera revisita, homenajea pero también deconstruye constante y explícitamente el mito de Ulises, quién tras veinte años de haber partido de su amada Ítaca, regresa a su tierra sólo para darse cuenta que se ha convertido en un extraño al que no se le añora más. Fiel a su talante de “escritor-filósofo”, Kundera no solo cuenta una historia, sino que la comenta, le añade notas, observaciones y apostillas, ya que su punto no es sólo contar una trama, sino las ideas que están detrás de la trama. Es verdad, como algunos críticos han señalado, que La Ignorancia es en ciertos aspectos “diferente” a sus obras anteriores (por ejemplo es mucho más ligera y fácil de leer, cosa que se agradece enormemente), sin embargo conserva su sello indiscutible y algunos de los elementos que le han valido miles de lectores fieles alrededor del mundo. Por ejemplo, en La Ignorancia, Kundera no oculta los elementos psicológicos, filosóficos, lingüísticos e históricos de los que echa mano para construir sus reflexiones; de hecho, al estilo de Balzac o Tolstoi, Kundera ni siquiera se molesta en reservarse sus comentarios en primera persona, lo que crea un efecto parecido a estar en la presencia del autor.

Esta es la última novela de la “trilogía de novelas breves” de Milan Kundera. De hecho, es la última obra de ficción que el autor ha publicado (le siguieron únicamente El telón y Un encuentro, ambos ensayos sobre Arte y Literatura), y tras casi 14 años en espera de una nueva obra, algunos comentaristas ya especulan que esta será la última novela que leeremos de Kundera. Lo que sí sabemos es que es una de sus obras más personales, insipirada claramente no sólo en un afán filosófico, sino en sus propias vivencias, y que su lectura es imprescindible ya no solo para sus seguidores, sino para cualquier lector asiduo de las obras que invitan a la reflexión. Seguramente, La Ignorancia es la obra más conmovedora que se ha escrito sobre la búsqueda del hogar, desde La Odisea del poeta Homero.


 

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