miércoles, 10 de abril de 2013

0 El guardián entre el centeno de J.D. Salinger



 La adolescencia es una de las etapas más complicadas en la vida del ser humano. Para algunos es un momento de incertidumbre, de confusión y de caos. Para otros, es el descubrimiento de sueños, anhelos y ambiciones. “El guardián entre el centeno” es una obra centrada en Holden Caulfield, un joven de 17 años, recién expulsado del colegio, que pasa solo un fin de semana en la ciudad de Nueva York. A través del relato de esta breve estancia vemos como Holden se enfrenta a la incomodidad que le genera ser él mismo, a sus conflictos internos y a la transición hacia la vida adulta.

Esta novela de J.D. Salinger está considerada como una de las obras más importantes de la literatura norteamericana, tanto por la habilidad del autor para caracterizar a un personaje tan complejo como Caulfield, como por el halo de misterio que rodea a su autor y la controversia que generó la obra  por la inclusión de temas tabú [en ese momento] como la prostitución, el alcoholismo y la drogadicción.

Fuera de la controversia y el morbo que acompaña a “El guardián entre el centeno”, la novela en sí misma es un texto atractivo por dos razones principales. La primera es que J.D. Salinger logra que el protagonista sea un personaje con quien es muy fácil identificarse. Holden puede ser, al mismo tiempo, cruel y entrañable, infantil o paternal, es decir, es un personaje que representa lo mejor y lo peor de la naturaleza humana. La segunda razón es que “El guardián entre el centeno” da lugar a que cada lector haga su propia interpretación de la obra, dándole un significado muy personal al simbolismo presente en la novela.

“El guardián entre el centeno” es un libro que invariablemente evocará recuerdos de nuestro propio paso por la adolescencia y de nuestra propia lucha interna pero sobre todo, es un libro que evidencia la complejidad de los trastornos emocionales, que todos, en menor o mayor medida, experimentamos alguna vez.


miércoles, 3 de abril de 2013

0 Guerra en el Paraíso, de Carlos Montemayor (1997)



De entre los subgéneros de la Literatura, la novela histórica merece una mención especial por su labor de explorar y revisitar sucesos, períodos y personajes de la historia que normalmente son pasados por alto en los libros escolares y en las historias oficiales, o bien, acontecimientos y figuras que son abordados en dichos textos sin el detalle, la suficiencia y la pasión que sólo un novelista podría dedicarles. Éste es, por donde se le vea, el caso de Guerra en el Paraíso, una novela histórica de la mayor vigencia posible, del escritor e intelectual mexicano Carlos Montemayor.

El relato de Montemayor nos ayuda a desenterrar uno de los episodios más profundos y dolorosos de la historia mexicana del siglo XX, pero paradójicamente, uno de los más desconocidos, soslayados e incomprendidos por el grueso de la población de ese país. Guerra en el Paraíso nos cuenta la historia del movimiento armado surgido en el estado mexicano de Guerrero a finales de los años sesenta del siglo pasado y que sostuvo una guerra de guerrillas contra el ejercito hasta mediados de los años setenta.

La novela se centra principalmente en la historia de Lucio Cabañas, humilde profesor de una escuela primaria de la sierra guerrerense (paupérrima zona rural mexicana olvidada históricamente por Dios y por el Estado) cuya vocación social, carisma y lucidez, lo llevan a convertirse en líder de estudiantes, maestros y campesinos desde muy joven. Tras volverse una figura incómoda en la región, las autoridades mexicanas intentan asesinarlo durante un mitin político, atentado que logra sobrevivir pero que derrama el vaso de su hartazgo y lo lleva a declararle la guerra al Estado Mexicano, a través de un pequeño grupo armado conocido como “El Partido de los Pobres”, conformado básicamente por campesinos y habitantes de la zona, y que pese a la sorpresa y negación del Estado Mexicano, logró sostener enfrentamientos con el ejercito durante poco menos de ocho años.

La historia, como tragedia griega, se nos cuenta desde diferentes voces, identificables fácilmente en dos bandos: por un lado, el mismo Lucio Cabañas, guarnecido en la tupida selva de la sierra, sus combatientes, inexperimentados en las armas pero sin nada que perder en la lucha, y los pobres campesinos y habitantes de la zona que son acosados, perseguidos, torturados y asesinados por el ejercito; y por el otro, las autoridades mexicanas, políticos, jefes policiales, y generales expertos en estrategias militares que se reúnen a comer con todos los excesos, lujos y la seguridad que puede ofrecer la Ciudad de México, así como los soldados de a pie, a quienes se les encarga la difícil tarea de detener a Lucio Cabañas al costo que sea, así sea éste el de desaparecer los poblados enteros de la región y a cada uno de sus habitantes.

Hay que advertir que Guerra en el Paraíso no es una novela complaciente o regocijante. Su lectura puede incomodar a más de uno, ya sea por razones ideológicas o bien por el crudo retrato que se muestra de la violencia y la brutalidad del ejercito mexicano. Sin embargo para Montemayor la realidad superó a la ficción: en la elaboración de esta novela, el autor realizó una rigurosa investigación, digna de un historiador, en la que destacan los testimonios de los sobrevivientes de la guerrilla, así como la revisión de los archivos de la Secretaría de la Defensa Nacional a los que tuvo acceso.

Conocido mucho más como poeta y ensayista de temas políticos y sociales, Carlos Montemayor fue una de las figuras más importantes de la literatura mexicana de la segunda mitad del siglo XX. Novela histórica, pero también política, Guerra en el Paraíso no dejará indiferente a ningún lector. Su mismo autor la consideró durante muchos años como su favorita de entre sus propias obras.



miércoles, 27 de marzo de 2013

0 Matar a un ruiseñor de Harper Lee (1960)



El racismo ha sido un tema recurrente en la literatura. Matar a un ruiseñor es uno de los textos clásicos de la literatura norteamericana que aborda el tema del racismo en Alabama durante la  época de la Gran Depresión. Los hermanos Finch, Jem y Scout, son los protagonistas de esta obra en la que, a través de su vivencias y experiencias, dan cuenta de la polarización de la sociedad en la que viven y de la segregación racial presente en su comunidad. El libro, narrado por Scout, la hija menor, describe una serie de acontecimientos en el condado de Maycomb que retratan  la discriminación y la desigualdad, pero también la fuerza de las convicciones personales, la ética y el compromiso con la justicia que pueden coexistir en una sociedad.

Lo más destacado de este libro, por el cual Lee recibió el Pulitzer, es la ligereza y cadencia con la que se aborda el tema del racismo. El hecho de que sea la perspectiva de una niña la que guíe el argumento del libro hace que su lectura sea muy ágil y entretenida, especialmente porque Lee a lo largo del texto, incorpora muchas anécdotas divertidas de los hermanos Finch y de su inseparable compañero de aventuras, Dill.

Matar a un ruiseñor es un libro sumamente entrañable porque, al margen del tema central, Harper Lee logra transmitir la emotividad de la relación de los hermanos Finch con su padre, Atticus, sin duda, uno de los personajes mejor construidos de la novela, a partir de mostrar su integridad y rectitud en una sociedad represora y sufriendo las consecuencias de defender sus convicciones.

Es una obra que retrata muy bien las costumbres y el estilo de vida del sur de Estados Unidos lo que permite al lector conocer y acercarse a la mentalidad de una sociedad de esa época.  Un dato importante es que Matar a un ruiseñor es la única novela de Harper Lee,  indudablemente una sola obra le bastó para pasar a la posteridad.

miércoles, 20 de marzo de 2013

0 El Gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald (1925)



Con la publicación de El Gran Gatsby, en 1925, Francis Scott Fitzgerald realizó una de las mayores aportaciones que un escritor estadounidense le haría al imaginario de su propio país durante el siglo XX. Si bien es cierto que no fue un éxito inmediato, tras la muerte de su autor, El Gran Gatsby se convirtió en obra de culto entre los lectores norteamericanos, y en ese país es usualmente considerada como una novela de transición de las lecturas de la adolescencia hacia las novelas de alto calibre.

Ambientada en New York y Long Island durante 1922, El Gran Gatsby es la historia de un veterano estadounidense de la primera guerra mundial, de origen incierto y con un enorme halo de misterio a su alrededor (incluida una personalidad taciturna y trágica que de inmediato lo aparta de los demás), que regresa al escenario de su juventud, Long Island, después de haberse enriquecido a través de actividades de las que nadie puede dar fe, en busca de un cabo suelto de su pasado que le es imposible olvidar y que ha atormentado su corazón durante los últimos cinco años. Jay Gatsby es un mito, incluso en su propio universo. Nadie sabe bien de dónde ha salido, pero todos intentarán disfrutar sus pródigos festines mientras se pueda. Su riqueza y los rumores que no siempre se molesta en desmentir, lo han colocado justo donde él mismo ha planeado: en el centro de atención de la clase alta de New York, de la farándula y otros parranderos que siempre acuden sin invitación. Pero Gatsby es un romántico y como todo romántico que se precie de serlo, se encuentra irremediablemente encadenado a un ideal al que debe dedicarle su vida: los lujos, las fiestas, los sirvientes, son sólo artilugios de oropel para la consecución de un fin mucho mayor.  

Mucho se ha dicho ya sobre el retrato que Fitzgerald logró del panorama neoyorkino, en un momento en que bohemios y pudientes por igual se dejaban embelesar por el pegajoso e incitante nuevo ritmo del jazz, en una prometedora época en la que la guerra había quedado atrás y la crisis económica aún estaba muy lejos. Curiosamente, F. Scott Fitzgerald escribió la mayor parte de esta novela tan apreciada en Estados Unidos, mientras disfrutaba las delicias de la vida en la Riviera Francesa.

Las incontables fiestas hasta el amanecer, el desfile de excéntricos personajes, la música de orquesta, las luces en el embarcadero de Long Island y especialmente el misterioso encanto de Gatsby han seducido ya a varias generaciones de lectores. ¿Héroe o anti-héroe? ¿Un tonto romántico o un campeón que ha comprendido que la vida sólo tiene valor cuando se le entrega a alguien más? No es nada fácil juzgar a tan inasible personaje. Esa es la advertencia que Fitzgerald nos hace desde las primeras líneas de su novela:  <<Whenever you feel like criticizing any one […] just remember that all the people in this world haven't had the advantages that you've had>>.


miércoles, 13 de marzo de 2013

0 El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad (Random House Mondadori, 2003)



 El corazón de las tinieblas surge de uno de los episodios más trascendentes de la vida de Joseph Conrad, su expedición al Congo como capitán de una embarcación belga en 1890. A partir de su experiencia en este viaje, Conrad desarrolló una novela que nos muestra cómo el mal es un elemento latente de la naturaleza humana y lo fácil que es transitar hacia una conducta que como individuos nunca pensaríamos tener. El hilo conductor de la novela es la travesía de Marlow a través de África en una expedición cuyo objetivo es encontrar a Kurtz, un empleado de la compañía que al parecer en su ambición por el marfil se ha transformado en un hombre sin escrúpulos, cuyo comportamiento ha sobrepasado todos los límites de la razón.

La importancia de "El corazón de las tinieblas" radica en dos aspectos principales. Por una parte, es una obra que evidencia la brutalidad de la colonización europea en África, la impunidad con la que se despojó de toda riqueza a los africanos y la desmedida avaricia de los colonizadores que, solapados por sus gobiernos, cometieron toda clase de atropellos. Por otra parte, la novela de Conrad también muestra cómo la brutalidad y la maldad no son características exclusivas de la colectividad, sino que están latentes en la naturaleza de todos los individuos y que, sometidos a distintos estímulos y encontrándonos en diversos escenarios, todos somos capaces de cometer las más terribles atrocidades.

Esta novela destaca por la habilidad de Conrad para transmitir, durante todo el relato, el suspenso de toda la travesía de Marlow y de los obstáculos que se le presentaron. Al estar narrada en forma de monólogo, en ocasiones el ritmo de la novela se torna más lento, particularmente en aquellos momentos en los que Marlow tiene sus propias crisis internas; sin embargo, la novela en su conjunto posee un encanto especial porque a través del personaje principal, nos acercamos a la propia experiencia de Conrad en África, experiencia que indudablemente marcó su existencia.

Un último dato, en la edición de Gandhi de "El corazón de las tinieblas" está el prólogo escrito por Mario Vargas Llosa, un plus para algunos, un minus para otros...











miércoles, 6 de marzo de 2013

0 Fuego Cruzado, las víctimas atrapadas en la guerra del narco, de Marcela Turati (Grijalbo, 2011)



En diciembre de 2006, el gobierno federal mexicano emprendió una estrategia de combate al crimen organizado basada en el uso de las fuerzas armadas, decisión que desató un conflicto interno conocido extraoficialmente como “La guerra contra el narcotráfico”, que rápidamente se convertiría en el mayor conflicto armado de los últimos años en México. Como en toda guerra, las víctimas abundan, y en este libro, Marcela Turati nos cuenta sus historias, los relatos de los que quedaron en medio de la batalla: ciudadanos comunes atrapados justamente en el Fuego Cruzado de dos bandos que muchas veces ni siquiera se pueden distinguir con claridad.

A través de un osado trabajo periodístico, Turati intenta voltear los reflectores y los micrófonos hacia los damnificados de la guerra, los que típicamente son llamados “daños colaterales”. La lista es larga, puesto que lo mismo incluye hombres y mujeres que azarosamente perdieron la vida en medio de un enfrentamiento, civiles que fueron alcanzados por las balas o las granadas en sus calles, escuelas o incluso en sus propias casas; adolescentes, ancianos, niños e incluso bebes de apenas unos meses de edad; policías y militares desaparecidos por no haberse dejado corromper por los cárteles; campesinos, albañiles, indígenas, migrantes que son esclavizados por el narcotráfico; comerciantes, agricultores, funcionarios, médicos, periodistas que no pueden trabajar libremente por miedo a que su actuar sea considerado incorrecto por los criminales; y todas las victimas “indirectas”: las familias incompletas, las viudas, los huérfanos, las madres que emprenden un calvario para encontrar a sus hijos desaparecidos y que ante el abandono o la incompetencia de las autoridades tienen que volverse ellas mismas detectives expertas en el tema del narcotráfico.

Sin duda éste es uno de los aspectos más relevantes de Fuego Cruzado: a diferencia de la mayoría de las investigaciones sobre el narcotráfico publicadas recientemente, este trabajo no se centra en los grandes capos o en los recovecos de la política mexicana, sino en ciudadanos con nombre y apellido, cuyas vidas fueron destrozadas, primero por una violencia desbordada que no respeta genero, edad u ocupación, pero también por la impunidad, la corrupción, y la indiferencia de las autoridades y de la sociedad misma.

Marcela Turati realiza un aporte de suma importancia que no debe perderse de vista: la autora desmiente por completo el discurso metódicamente repetido por las autoridades y comúnmente aceptado por la sociedad, según el cual las personas fallecidas o desaparecidas durante la “Guerra contra el narcotráfico” son principalmente delincuentes, miembros de algún grupo delictivo que fueron abatidos en la espiral de violencia que ellos mismos provocan. Al devolverles su identidad y narrar sus historias, sus vidas, las victimas recobran también una parte de la dignidad que se les arrebata cuando se les minimiza, se les ignora o se les criminaliza.

Muchos evitarán o descalificarán de antemano libros como el de Marcela Turati, por su implícita crítica a la estrategia con la que se enfrentó al crimen organizado en México entre 2006 y 2012, sin embargo, política aparte, el hilo conductual de Fuego Cruzado nos ofrece un argumento sencillamente implacable: la llamada “Guerra contra el narcotráfico” dejó en seis años un saldo de muertos y desaparecidos mayor al número de fallecidos por consumo de droga. Macabra ironía.


0 Joseph Anton de Salman Rushdie (2012)


Joseph Anton fue el pseudónimo utilizado por Salman Rushdie durante los años  que vivió escondido después de que el ayatola Jomeini proclamara la fetua contra el escritor en 1989, tras la publicación de Los versos satánicos. La narración que hace Rushdie de su vida en la clandestinidad permite al lector conocer otra faceta de la crisis generada por la publicación del libro. Las complicaciones para pasar desapercibido, el impacto de la fetua en sus relaciones personales y profesionales, así como la estrecha relación que estableció con el equipo de protección, son algunos de los aspectos que Rushdie describe en esta autobiografía.

Narrado en tercera persona, Joseph Anton aborda también la parte política del conflicto generado por Los versos satánicos; por ejemplo, el desinterés, percibido por Rushdie, del gobierno británico en resolver el conflicto, así como la fuerte antipatía que generó en el pueblo británico por el gasto público que representó su protección. El libro narra una serie de anécdotas, muchas realmente divertidas, otras verdaderamente trágicas, que muestran a Rushdie como víctima y responsable de su situación. Resultan muy entretenidas particularmente aquéllas acerca de la relación de Rushdie con otros escritores como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Harold Pinter, entre otros. Algunas otras, como aquéllas que aluden a su vida amorosa, resultan francamente aburridas y exageradas.

Joseph Anton es un libro ameno e interesante no sólo para quienes están familiarizados con la obra de Rushdie, sino también para quienes desean conocer más de este escritor y un episodio importante como lo fue la fetua iraní. Sobra decir que a pesar de que Rushdie hace un esfuerzo por parecer agradable, es francamente difícil sentir simpatía por él, pero nada de eso disminuye su calidad como escritor.
 

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